Esa noche, el salón estaba más lleno de lo habitual. Todos los ojos estaban puestos en la televisión que había en la pared. Cuando llegó la hora, todas las voces callaron.
- Se llama Gerard Piqué, es español y proviene de la cantera del FCBarcelona. Con tan solo 18 años, su llegada al Manchester United ha sido de las más esperadas y prometedoras. Se espera mucho de esta joven promesa, que ya lleva semanas entrenando en el primer equipo junto a grandes jugadores. Gerard ha dado su primera rueda de prensa tras los entrenamientos previos al partido del sábado: "Estoy muy emocionad...
- ¡EEEH, LA CONCHA DE VUEHTRA MADRE! ¿QUIÉN FUE EL BOLUDO QUE APAGÓ LA TELE? - gritó Leo, cuya voz se oyó por encima de la queja generalizada de los demás en cuanto la imagen se había desvanecido de golpe y la pantalla se había quedado negra.
Los muchachos, incluidos Bojan, Sergio y Pedro, comenzaron a lanzar miradas alrededor para ver quién les había interrumpido las declaraciones de Gerard y que cada segundo que pasaba se estaban perdiendo.
- ¡Lo siento, lo siento! - se disculpó un chaval que había apoyado el brazo sobre el mando sin querer, mientras la gente le abucheaba y él trasteaba nerviosamente el mando para encender de nuevo la televisión.
- ...agradecido por el recibimiento que me han dado. -continuó defendiéndose Gerard en inglés, mostrándose algo inseguro pero conservando su cáracter de siempre- Estoy lejos de la que era mi casa y echaré de menos la familia, los amigos,...pero ahora mi club es el Manchester y este será mi nuevo hogar. Todavía me falta un poco para acabarme de adaptar pero creo que voy en buen camino. Me esforzaré al máximo por este club. Lo daré todo.
Aplausos en la sala de prensa y Gerard abandonando su sitio. En el salón de la Masia se habían vuelto a alzar las voces mientras se intercambiaban opiniones y sobretodo posibles traducciones sobre lo que se había escuchado en inglés. Los chicos hablaban ilusionados. Sentían gran admiración por Gerard Piqué. Estaban orgullosos de él. También había alguno que de la envidia que sentía, iba hablando mal de él.
Bojan permanecía sentado en el posabrazos de un sillón donde habían estado. Era la hora de dormir, y la gente ya comenzaba a subir hacia las habitaciones. Se sentía triste y enfadado. En estos meses que habían transcurrido sin Gerard, había conseguido seguir entrenando en la Masia sin pensar en él. Había conseguido hacer vida normal, o algo parecido a ello. Pero ahora que le había vuelto a ver, fue como si una herida que ya estaba casi cicatrizada se hubiese vuelto a abrir.
- ¿Vamos? -Messi le tocó suavemente el hombro, sacándole de sus pensamientos.
- Sí.
Leo le miraba preocupado mientras subían las escaleras. Estas últimas semanas se habían esforzado muchísimo para intentar recuperar al Bojan de antes. Procuraban no hablar de Gerard, de no mencionarlo. De hecho, parecía como si aquella persona nunca hubiese existido. Sergio y Pedro les seguían unos pocos metros atrás, e intercambiaron alguna mirada de tristeza con Leo cuando Bojan encabezaba la marcha e iba sumido en su propio mundo.
Ya en la habitación, Leo estaba tumbado y tapado con la sábana hasta la altura de la nariz para poder seguir respirando sin asfixiarse. La luz de la luna se colaba por la ventana de la Masia y sus compañeros dormían. De repente, entró una ráfaga de viento por la ventana, pero seguidamente se escuchó un leve ruido de alguien que la había cerrado a tiempo. A principios de octubre, no era buena idea dormir con la ventana abierta si no querías estar resfriado la mañana siguiente. Unos pies descalzos pasaron por delante de su cama. Leo reconoció a la persona que ahora se estaba tumbando en la cama que estaba a su lado.
- ¿Sabés Boshan? Yo creo que nosotros también jugaremos algun día en el primer equipo. Ya lo verás -susurró esperanzado, con una sonrisa en el rostro y los ojos iluminados.
- Eso espero Leo -Bojan le devolvió la sonrisa y cerró los ojos, dispuesto a dormir.
- ¡No paréis de correr! Un dos, un dos. ¿Que sois, nenazas? ¡Vamos! -gritaba el entrenador
Gerard, exhausto, paró un segundo para atarse bien los cordones de las zapatillas. Mientras lo hacía, levantó la vista hacia el cielo y no le gustaron nada las nubes oscuras que se estaban aproximando hacia el campo de entrenamiento. Volvió a correr con las mismas ganas de siempre y se concentró en hacer el circuito lo más rápido posible.
El entrenador sonrió satisfecho al ver su alto rendimiento. Anotó unas cosas en su libreta y cuando volvió a levantar la vista chasqueó la lengua algo fastidiado.
- ¡CRISTIANO! ¿Qué haces? ¡Así no! ¡Por ahí! -le indicó el camino correcto a seguir en el circuito extendiendo el brazo varias veces de manera exagerada hacia la dirección indicada.- Sigue a Gerard, ¿le ves? Él lo está haciendo bien.
Cristiano esbozó una mueca rápida parecida a una sonrisa al comprobar que Gerard se estaba ganando cada vez más la simpatía del míster. Se puso a correr de nuevo, en un sprint que dejó a todos asombrados, hasta llegar detrás de Gerard Piqué para contentar al entrenador.
- ¿Otra vez, Cristiano? -comentó Gerard con sorna, ladeando la cabeza- Ya no cuela eso de que te vas por el camino equivocado
- Lo sé, ¿pego qué quiegues que haga? -señaló Cristiano hacia las gradas con un golpe de cabeza y sonrió ampliamente cuando pasaron bastante cerca de la gente y empezaron a dispararse miles de flashes.- La gente me adoga, y yo, como un humilde segvidog, lo único que puedo haceg es entgegarme a ellosh paga que disfrguten de este maravilloso cuerpo y esta bonita cara que me han sido otorgadosh y aguantar como un hombge todosh los gritosh del entrenador.
En Manchester, el tiempo era muy variable, sobretodo en otoño. En cuanto comenzaron a caer las primeras gotas se recogieron hacia el vestidor y finalizaron el entrenamiento. Gerard se sintió muy contento cuando el entrenador le alabó y le animó a seguir progresando así.
- Cristiano, que sea la última vez que te me despistas de esa manera, ¿de acuerdo? -el míster le miró por encima de las gafas y habló con otro futbolista.
Se oyeron risitas por lo bajo.
- Tontosh -les dijo Cristiano ofendido.
Gerard levantó una ceja con los brazos cruzados encima del pecho. Como siempre, el entrenador comenzó a decir el once titular del próximo partido. Cuando Gerard escuchó su nombre en la lista no se lo pudo creer. Tuvo que preguntarle al compañero de al lado si había escuchado bien y habían dicho su nombre. Efectivamente, iba a ser la primera vez que saldría como titular y no a los últimos minutos del partido o porque alguien se había lesionado. Se sintió muy feliz y lo único que quería era coger el teléfono para llamar y comunicarle la noticia a todo el mundo. Pensó en su familia, y también se le cruzaron por la mente ciertos rostros de la Masia..."Yo...Tengo que olvidarlos. Esa vida ya no me pertenece. Tengo que centrarme en esta nueva etapada y dejar lo demás atrás" se convenció a si mismo mientras salía de los vestuarios y firmaba fugazmente algunos autografos, con esa sensación todavía en el cuerpo de que todo eso no era real y no lo estaba viviendo.
Intentó atender a todo el mundo, no quería defraudar a nadie, pero era imposible firmar a toda la multitud que se amontonaba en las vallas y luchaba por acercarse a él. De repente, unos cabellos castaños y un rostro que parecía familiar desplazándose entre la multitud. A Gerard se le congeló la sonrisa en el rostro, y dejó a la gente desconcertada cuando se fue corriendo de allí, alejándose de todo, sorprendido por esa sensación tan rara que había sentido en el pecho al ver alguien presuntamente conocido.
Las semanas fueron pasando. En la Masia se había ido mucha gente, pero también había entrado de nueva. Cada año era así, y acababas acostumbrándote -incluso Bojan- al hecho de que nadie permanecía por mucho tiempo. Si Bojan hubiese estado viviendo aislado en una isla desierta, seguramente le podrías haber hablado de Gerard Piqué y te hubiese respondido: "¿Gerard? ¿Qué Gerard?", pero el estar en la Masia suponía estar comunicado con el mundo exterior y aunque quisieras, no podías aislarte por completo.
Habían ganado un partido importante y fueron a celebrarlo despues de cenar con todo el equipo. Estaban en una discoteca donde había bastante gente pese a estar en la zona cara de la ciudad. Gerard, que ya había hecho buenos amigos dentro del equipo, se divertía bailando en la pista con los jugadores más jovenes. Cristiano, con una flor en la cabeza, se abrió paso hasta ellos rodeado de cino o seis muchachas espectaculares.
- Migad que chicas mas guapas. Pego shon todash paga mi, tontosh.
- ¿Y para nosotros qué? - se quejó uno de los chavales.
- Bueno vale, pogque soy una pegsona genegosa os las dejagé un rgatito, eeeh...
Las chicas le rieron la gracia a Cristiano y éste las presentó una a una. Estuvieron bailando y tonteando con ellos -y ellos con ellas- durante un buen rato. Uno de ellos desapareció arrastrando a la chica de la mano hacia fuera, mientras los demás seguían dentro. A una de las chicas le llamó la atención Gerard, y se le notaba bastante porque le reía todo lo que hacía e intentaba estar pegada a él en todo momento.
- Abre la boca, vaaa - dijo la chica, acercándole sensualmente a Gerard la aceituna del Martini.
Él le seguía el juego y se dejaba hacer, porque la chica no estaba nada mal. Era castaña, tenía una melena larga y ondulada y sus ojos eran claros. La agarró por la cintura y empezaron a bailar al ritmo de la música que pinchaba un DJ en el centro de la pista. Cuando la luz blanca de uno de los focos que se movían de aquí para allá -creando un efecto casi epiléptico- pasó por encima de ellos, Gerard pudo ver perfectamente el verde esmeralda de los ojos de ella. Se quedó paralizado, sus movimientos se congelaron.
- ¿Qué te pasa? - se asustó la chica ante la reacción del rubio.
La intensidad del color de esos ojos le transportaron a Barcelona. A la mirada de alguien a quien había intentado olvidar. A lo que se dijeron sin palabras antes de verse por última vez.
- Lo siento, me tengo que ir.
Se marchó del local, sin importarle dejar allí plantada a la chica. Se sentía mal. Por culpa de esa mirada tan parecida a la de él, había revivido, en apenas unos segundos, momentos en la Masia que hubiese preferido no recordar. Caminando por las oscuras calles de la ciudad, se desahogó con un grito que rompió el silencio de la noche. Le echaba de menos, era tontería seguir intentando convencerse de lo contrario.
- ¡Gerard! - resonó una voz en la calle.
- Se llama Gerard Piqué, es español y proviene de la cantera del FCBarcelona. Con tan solo 18 años, su llegada al Manchester United ha sido de las más esperadas y prometedoras. Se espera mucho de esta joven promesa, que ya lleva semanas entrenando en el primer equipo junto a grandes jugadores. Gerard ha dado su primera rueda de prensa tras los entrenamientos previos al partido del sábado: "Estoy muy emocionad...
- ¡EEEH, LA CONCHA DE VUEHTRA MADRE! ¿QUIÉN FUE EL BOLUDO QUE APAGÓ LA TELE? - gritó Leo, cuya voz se oyó por encima de la queja generalizada de los demás en cuanto la imagen se había desvanecido de golpe y la pantalla se había quedado negra.
Los muchachos, incluidos Bojan, Sergio y Pedro, comenzaron a lanzar miradas alrededor para ver quién les había interrumpido las declaraciones de Gerard y que cada segundo que pasaba se estaban perdiendo.
- ¡Lo siento, lo siento! - se disculpó un chaval que había apoyado el brazo sobre el mando sin querer, mientras la gente le abucheaba y él trasteaba nerviosamente el mando para encender de nuevo la televisión.
- ...agradecido por el recibimiento que me han dado. -continuó defendiéndose Gerard en inglés, mostrándose algo inseguro pero conservando su cáracter de siempre- Estoy lejos de la que era mi casa y echaré de menos la familia, los amigos,...pero ahora mi club es el Manchester y este será mi nuevo hogar. Todavía me falta un poco para acabarme de adaptar pero creo que voy en buen camino. Me esforzaré al máximo por este club. Lo daré todo.
Aplausos en la sala de prensa y Gerard abandonando su sitio. En el salón de la Masia se habían vuelto a alzar las voces mientras se intercambiaban opiniones y sobretodo posibles traducciones sobre lo que se había escuchado en inglés. Los chicos hablaban ilusionados. Sentían gran admiración por Gerard Piqué. Estaban orgullosos de él. También había alguno que de la envidia que sentía, iba hablando mal de él.
Bojan permanecía sentado en el posabrazos de un sillón donde habían estado. Era la hora de dormir, y la gente ya comenzaba a subir hacia las habitaciones. Se sentía triste y enfadado. En estos meses que habían transcurrido sin Gerard, había conseguido seguir entrenando en la Masia sin pensar en él. Había conseguido hacer vida normal, o algo parecido a ello. Pero ahora que le había vuelto a ver, fue como si una herida que ya estaba casi cicatrizada se hubiese vuelto a abrir.
- ¿Vamos? -Messi le tocó suavemente el hombro, sacándole de sus pensamientos.
- Sí.
Leo le miraba preocupado mientras subían las escaleras. Estas últimas semanas se habían esforzado muchísimo para intentar recuperar al Bojan de antes. Procuraban no hablar de Gerard, de no mencionarlo. De hecho, parecía como si aquella persona nunca hubiese existido. Sergio y Pedro les seguían unos pocos metros atrás, e intercambiaron alguna mirada de tristeza con Leo cuando Bojan encabezaba la marcha e iba sumido en su propio mundo.
Ya en la habitación, Leo estaba tumbado y tapado con la sábana hasta la altura de la nariz para poder seguir respirando sin asfixiarse. La luz de la luna se colaba por la ventana de la Masia y sus compañeros dormían. De repente, entró una ráfaga de viento por la ventana, pero seguidamente se escuchó un leve ruido de alguien que la había cerrado a tiempo. A principios de octubre, no era buena idea dormir con la ventana abierta si no querías estar resfriado la mañana siguiente. Unos pies descalzos pasaron por delante de su cama. Leo reconoció a la persona que ahora se estaba tumbando en la cama que estaba a su lado.
- ¿Sabés Boshan? Yo creo que nosotros también jugaremos algun día en el primer equipo. Ya lo verás -susurró esperanzado, con una sonrisa en el rostro y los ojos iluminados.
- Eso espero Leo -Bojan le devolvió la sonrisa y cerró los ojos, dispuesto a dormir.
- ¡No paréis de correr! Un dos, un dos. ¿Que sois, nenazas? ¡Vamos! -gritaba el entrenador
Gerard, exhausto, paró un segundo para atarse bien los cordones de las zapatillas. Mientras lo hacía, levantó la vista hacia el cielo y no le gustaron nada las nubes oscuras que se estaban aproximando hacia el campo de entrenamiento. Volvió a correr con las mismas ganas de siempre y se concentró en hacer el circuito lo más rápido posible.
El entrenador sonrió satisfecho al ver su alto rendimiento. Anotó unas cosas en su libreta y cuando volvió a levantar la vista chasqueó la lengua algo fastidiado.
- ¡CRISTIANO! ¿Qué haces? ¡Así no! ¡Por ahí! -le indicó el camino correcto a seguir en el circuito extendiendo el brazo varias veces de manera exagerada hacia la dirección indicada.- Sigue a Gerard, ¿le ves? Él lo está haciendo bien.
Cristiano esbozó una mueca rápida parecida a una sonrisa al comprobar que Gerard se estaba ganando cada vez más la simpatía del míster. Se puso a correr de nuevo, en un sprint que dejó a todos asombrados, hasta llegar detrás de Gerard Piqué para contentar al entrenador.
- ¿Otra vez, Cristiano? -comentó Gerard con sorna, ladeando la cabeza- Ya no cuela eso de que te vas por el camino equivocado
- Lo sé, ¿pego qué quiegues que haga? -señaló Cristiano hacia las gradas con un golpe de cabeza y sonrió ampliamente cuando pasaron bastante cerca de la gente y empezaron a dispararse miles de flashes.- La gente me adoga, y yo, como un humilde segvidog, lo único que puedo haceg es entgegarme a ellosh paga que disfrguten de este maravilloso cuerpo y esta bonita cara que me han sido otorgadosh y aguantar como un hombge todosh los gritosh del entrenador.
En Manchester, el tiempo era muy variable, sobretodo en otoño. En cuanto comenzaron a caer las primeras gotas se recogieron hacia el vestidor y finalizaron el entrenamiento. Gerard se sintió muy contento cuando el entrenador le alabó y le animó a seguir progresando así.
- Cristiano, que sea la última vez que te me despistas de esa manera, ¿de acuerdo? -el míster le miró por encima de las gafas y habló con otro futbolista.
Se oyeron risitas por lo bajo.
- Tontosh -les dijo Cristiano ofendido.
Gerard levantó una ceja con los brazos cruzados encima del pecho. Como siempre, el entrenador comenzó a decir el once titular del próximo partido. Cuando Gerard escuchó su nombre en la lista no se lo pudo creer. Tuvo que preguntarle al compañero de al lado si había escuchado bien y habían dicho su nombre. Efectivamente, iba a ser la primera vez que saldría como titular y no a los últimos minutos del partido o porque alguien se había lesionado. Se sintió muy feliz y lo único que quería era coger el teléfono para llamar y comunicarle la noticia a todo el mundo. Pensó en su familia, y también se le cruzaron por la mente ciertos rostros de la Masia..."Yo...Tengo que olvidarlos. Esa vida ya no me pertenece. Tengo que centrarme en esta nueva etapada y dejar lo demás atrás" se convenció a si mismo mientras salía de los vestuarios y firmaba fugazmente algunos autografos, con esa sensación todavía en el cuerpo de que todo eso no era real y no lo estaba viviendo.
Intentó atender a todo el mundo, no quería defraudar a nadie, pero era imposible firmar a toda la multitud que se amontonaba en las vallas y luchaba por acercarse a él. De repente, unos cabellos castaños y un rostro que parecía familiar desplazándose entre la multitud. A Gerard se le congeló la sonrisa en el rostro, y dejó a la gente desconcertada cuando se fue corriendo de allí, alejándose de todo, sorprendido por esa sensación tan rara que había sentido en el pecho al ver alguien presuntamente conocido.
Las semanas fueron pasando. En la Masia se había ido mucha gente, pero también había entrado de nueva. Cada año era así, y acababas acostumbrándote -incluso Bojan- al hecho de que nadie permanecía por mucho tiempo. Si Bojan hubiese estado viviendo aislado en una isla desierta, seguramente le podrías haber hablado de Gerard Piqué y te hubiese respondido: "¿Gerard? ¿Qué Gerard?", pero el estar en la Masia suponía estar comunicado con el mundo exterior y aunque quisieras, no podías aislarte por completo.
Habían ganado un partido importante y fueron a celebrarlo despues de cenar con todo el equipo. Estaban en una discoteca donde había bastante gente pese a estar en la zona cara de la ciudad. Gerard, que ya había hecho buenos amigos dentro del equipo, se divertía bailando en la pista con los jugadores más jovenes. Cristiano, con una flor en la cabeza, se abrió paso hasta ellos rodeado de cino o seis muchachas espectaculares.
- Migad que chicas mas guapas. Pego shon todash paga mi, tontosh.
- ¿Y para nosotros qué? - se quejó uno de los chavales.
- Bueno vale, pogque soy una pegsona genegosa os las dejagé un rgatito, eeeh...
Las chicas le rieron la gracia a Cristiano y éste las presentó una a una. Estuvieron bailando y tonteando con ellos -y ellos con ellas- durante un buen rato. Uno de ellos desapareció arrastrando a la chica de la mano hacia fuera, mientras los demás seguían dentro. A una de las chicas le llamó la atención Gerard, y se le notaba bastante porque le reía todo lo que hacía e intentaba estar pegada a él en todo momento.
- Abre la boca, vaaa - dijo la chica, acercándole sensualmente a Gerard la aceituna del Martini.
Él le seguía el juego y se dejaba hacer, porque la chica no estaba nada mal. Era castaña, tenía una melena larga y ondulada y sus ojos eran claros. La agarró por la cintura y empezaron a bailar al ritmo de la música que pinchaba un DJ en el centro de la pista. Cuando la luz blanca de uno de los focos que se movían de aquí para allá -creando un efecto casi epiléptico- pasó por encima de ellos, Gerard pudo ver perfectamente el verde esmeralda de los ojos de ella. Se quedó paralizado, sus movimientos se congelaron.
- ¿Qué te pasa? - se asustó la chica ante la reacción del rubio.
La intensidad del color de esos ojos le transportaron a Barcelona. A la mirada de alguien a quien había intentado olvidar. A lo que se dijeron sin palabras antes de verse por última vez.
- Lo siento, me tengo que ir.
Se marchó del local, sin importarle dejar allí plantada a la chica. Se sentía mal. Por culpa de esa mirada tan parecida a la de él, había revivido, en apenas unos segundos, momentos en la Masia que hubiese preferido no recordar. Caminando por las oscuras calles de la ciudad, se desahogó con un grito que rompió el silencio de la noche. Le echaba de menos, era tontería seguir intentando convencerse de lo contrario.
- ¡Gerard! - resonó una voz en la calle.
3 comentaris:
Joputas, que triste!!
Pobrecico Gerard, como ha recordao a Bojan! si esque eso era amor de verdad y vosotras los habéis separado!
OS ODIO!
Mientras que no se vaya Messi ...<3
Puagg! que asco de Cristiano! Lo odio hasta en el fic xDDD pff! hacer que muera repentinamente por favor! jajaj
Ya no podré hacer mis comentarios anónimamente :(
PUTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEES, mi lofecito :_ odo, bojan no pierde el tiempo, eeeh e.e
messi es un langohtino JAJAJ (L)
Publica un comentari a l'entrada